sábado, 29 de julio de 2017

EL ÁRBOL CON UN AGUJERO, QUE SOY YO MISMA.


Éste árbol que está muerto cumplió 150 años y pasó de todo, cosas buenas y malas, se sintió pletórico y vapuleado, se sintió morir y, a la vez, revivir, murió cuando le dejaron y dio vida también, tuvo múltiples hijos, unos se fueron, dejando un sabor amargo, otros se quedaron a su lado.

Ahora, con la piel arrancada y agujereado está muerto, pero más vivo que nunca porque le van a homenajear. Le van a hacer una escultura de bronce a sus años de sacrificio en los que ha estado de pie sin quejarse, con sus enfermedades y sus nidos de pájaros, le van a hacer eterno con su agujero en el tronco como si fuera un túnel al pasado, con toda su poesía y su olor a madera viva por dentro, a la madera del vino, a la vida de la tierra que aún le late dentro.


Éste árbol soy yo, a veces me siento árbol con un agujero en medio, a veces me siento árbol de 150 años, con sus enfermedades y sus nidos de pájaros, con su olor a madera por dentro, o quisiera serlo...

jueves, 6 de julio de 2017




Te expandes.

Mientras yo voy empequeñeciendo.

Oí decir que cuando nace un hijo, los padres van muriendo poco a poco, para dejar paso a la nueva vida, es como si se fueran consumiendo en sacrificio.

No podía estar más en desacuerdo, pero...

Un día observé unas fotografías, secuencialmente, desde tu nacimiento hasta el que entonces era el momento presente y la vida se me vino encima como un alud. Por primera vez sentí miedo.

Desde la primera fotografía, en la que estábamos en la cama después de que te diera el pecho, observé cómo cambiábamos los dos a través de los días.

Entre las sábanas a rayas se adivinaba el contorno de mi enorme cuerpo que entonces era una mole que albergaba tu pequeñez, grandes y gruesos brazos, grandes pechos llenos de leche que me costaba mantener controlada, toda yo era una fuente inagotable de alimento y líquido nutritivo.

En la última fotografía de la secuencia hasta el momento, tu cabeza era ya casi más grande que la mía, mis brazos delgados  casi no podían sostenerte y yo ya no podía alimentarte, ahora no dependes de mí fisiológicamente, nos vamos separando.

Cada vez vas ocupando más sitio en tu cuna, me doy cuenta cuando te veo dormir, tienes el doble del tamaño que tenías antes y yo la mitad.

Van a tener razón.